Sunday, October 15, 2006

Parque Rivadavia, o confieso que he pecado

Corría desenfrenada la década del 90. Digamos que a mediados de esta yo tenía unos 15 años, era un metalero y, dada la situación económica en la que me encontraba, poco agraciado económicamente. Digamos entonces que el acceso a la cultura se daba con cierto retrazo. Comprar un disco entonces para mí implicaba tener que ahorrar durante una cantidad considerable de tiempo – digamos de quince días a un mes – para acceder a algún disco de cualquier índole. Pero, hete aquí, que antes de entrar a mi colegio secundario, que quedaba al lado de Parque Rivadavia, solía comprar con más asiduidad números viejos de la Revista “Madhouse”, en la que solían reseñar discos del ambiente metal, punk, hardcore y alternativo – todo lo que fui/ soy. Entonces, hablaban de esos discos y de si les habían gustado o no, le ponían puntajes y comentarios y esas cosas que se hacen a la hora de criticar cosas. En una nota, una vez, un cantante hablaba de comprar discos en el Parque Rivadavia. Y fue donde, por suerte para mí y no para algunos artistas, conocí las maravillosas ofertas y delicias de la feria disquera de Parque Rivadavia.
Fui un día con escasos cinco pesos, mi amigo Pablo Héctor Conrad – el con 20, aparentemente sabía del asunto -, y la intención de comprarme algunos de los discos nombrados en alguna de las Madhouse que había leído. Aquella vez creo que me compré Youthanasia de Megadeth y alguno más, dado que las promoción decía dos casettes por 5 pesos. Ah, si, eso, se vendían en K7. Y no era una desventaja, muy por el contrario.
Las visitas al Parque se transformaron en mensuales. En ese mes, yo juntaba 20 pesos, dado que la promoción era de cinco K7s a veinte pesos. Entonces, analizaba la Madhouse con detenimiento, veía los comentarios de los discos y decidía a quien le daba la oportunidad. Por aquel entonces mi raíz metalera era más fuerte, entonces compraba de seguro un disco de Kiss, alguno de Hermética – vivo o de estudio –, y después discos de otras bandas reseñados en la revista.
Ventajas del sistema en K7: muchas veces lo que hacíamos con Pablo Héctor era comprar discos que nos gustaban a los dos, pero él compraba algunos y yo otros. Previo a esto, en la semana habíamos comprado K7s vírgenes. Entonces, nos pasábamos los discos, corríamos a nuestras casas, los grabábamos cada uno, y más tarde nos encontrábamos y nos los devolvíamos. Así engrosé mi colección de discos y mis influencias musicales. En algún punto recuperé mi equipo de música con CD – estuvo roto más de dos años – y comencé a comprar CDs.
Si, es cierto, apoyé la piratería en ese momento. Pero después, todos los discos que merecieron ser comprados originales, fui y me los compré. Porque, es cierto, hay discos que merecen ser comprados y hay otros que no. Pero esa es otra historia.

No comments: