Sunday, October 15, 2006

Y papa dijo "son bastante contestatarios

BREVE MIRADA AL PASADO:

Papá y yo en la cocina. Papá limpiando pescado en la pileta, yo haciendo algo al lado de él. Yo cantando “Tú eres su seguridad”. Papá levanta la cabeza. “Que letra contestataria”, dice. “Es de Hermética”, le comento. “Está buena”, me comenta. Sonrío.

PRESENTE:

Salgo de mi casa con la idea de llegar a Locuras a comprarme una gorra, una remera y alguna boludez más. No tengo efectivo, así que no se que onda con la tarjeta de debito. Voy escuchando en el discman el disco “Mutter” de Rammstein, caminando por Rivadavia, con calva reluciente y la misma barba que crece día a día, y atravieso un sin fin de ofertas del más increíble calibre – suenan raras estas palabras juntas, no, “increíble calibre” – debajo del sol que me abraza y no me dice te quiero. Los bancos están terriblemente llenos, naufraga la idea de sacar plata. Llego al negocio, entro, pispeo los CDs, oteo las remeras, llego a la caja. ¿Tienen tarjeta de debito?, digo. Si, dice la señora de la caja. Joya, agrego entusiasmado. Me saco los auriculares pero no apago el discman. Está sonando “Sonne”. Vuelvo a imaginar a Alfredo Casero haciendo el cover. Pongo cara de que quiero comprar. Me atiende un muchacho. Me llevo “Hermética”, le informo. ¿Algo más?, me increpa ¿Remeras de los Ramones tenés?, pregunto desinteresado. Me queda esta, aclara mientras me muestra la remera que tiene el mismo estampado que el buzo que ya tengo. Me la llevo, acoto sin dudar y agrego, ¿tenés gorritas? El muchacho señala sobre mi hombro. Miro, ninguna me gusta, pero quiero gastar dinero. Compro una de la banda “Korn”, muy linda. Salgo, cambio el CD. Me pongo a escuchar melodías del ayer, hoy. Me acuerdo de cuando íbamos a la casa de alguno de los Pablos a escuchar este disco. Canto las canciones, recuerdo aún las letras. Ojeo la tapa del disco, leo el interior, el dibujo de la tapa es de Douglas Vinci. Leo los temas. Tema número cinco. “Tu eres su seguridad”. Sonrío, es mi tema favorito. No resisto, adelanto los temas. Llego.

Tú eres su seguridad

Ajeno al tiempo
Se que quisieras seguir
Pero mil voces te ahogan
Para que formes la cola
Del seguro porvenir
Por eso te vi escapando
De las horas sin sol
De las miradas oscuras
Que aprobaron las torturas
Del fugado represor
Son quienes no alcanzan la paz
Con su viejos miedos
Hoy esperan de voz seguridad
Que no te devore el mundo no
Poniéndote el antifaz
Y buscando acomodarse
En medio del derrumbe
De su decadencia
Pues la enfermante histeria
Que hay a su alrededor
Tratará de agotarte
Para que formes parte
De su digestión
Y en su falso amor
Padecen de pasión
Antes de arrepentirse de su error
Craso error
Mata el miedo que guarda el animal
Limpia el cuerpo
Pues dentro de él estas
Si buscas libertad
Ya no andes por fuera
Hombre de mil nombres
Nace ya

Se me pone la piel de gallina, sonrío. Estoy llegando a mi trabajo. No me importa. Recordé que si busco libertad, no tengo que salir. Tengo que transformar mi entorno para que sea más beneficioso para mí. Sonrío, se me pone la piel de gallina.

Con que poco se puede ser feliz

“El adolescente consume, no produce y encima da pérdida”
Pablo Héctor Conrad


Un día como cualquier otro – un día más en la finita adolescencia – estaba tirado en la cama, como de costumbre por aquellos años, sin hacer nada en particular de mi vida. Por entonces, solíamos pasar las tardes – todas las tardes – tirados en la calle sin hacer nada ni por fuera ni por dentro de la ley. Esperábamos hasta las siete de la tarde para ir a los video juegos. Todas las horas anteriores no hacíamos nada de nada. Mirábamos a Almagro pasar, nos quedábamos en silencio por períodos infinitos, dábamos una vuelta si nos sentíamos motivados como para movernos. Perdíamos el tiempo, en pocas palabras. Uno de eso días fue distinto.
Uno de esos días estaba solo en mi pieza, tirado en la cama, mirando el techo. En el equipo sonaba un cassette grabado del primer disco de Flema – “El exceso de drogas y/ o alcohol es perjudicial para tu salud. Cuidate, nadie lo hará por vos”, o simplemente “El exceso”. Las canciones pasaban, les prestaba atención o no, hasta que le llegó el turno a “Más feliz que la mierda”

Solo en la cama, mirando al techo
Sin un amigo, con un resero
Pero por esto, no he de sufrir
Con mi vinito soy feliz

Solo en la cama, mirando al techo
No esta mi chica, vive muy lejos
Pero por esto, no he de sufrir
Mirando tele soy feliz

Solo en la cama, mirando al techo
Con mi bolsita de pegamento
Pero por esto, no he de sufrir
Con mi bolsita soy feliz

Solo en la cama, mirando al techo
Armo un cigarro, fumando espero
Pero por esto, no he de sufrir
Con mi tabaco soy feliz

Mirando tele soy feliz
Mirando al techo soy feliz

Estaba solo en la cama, mirando al techo, sin amigo, sin un resero, sin novia, sin bolsita de pegamento, sin cigarrillos, con la tele prendida. Y era feliz. La vagancia tenía un himno. Para todas las situaciones apáticas con las que convivía, para el interminable cuestionamiento paterno de mi vida sin sentido, para mi eterna pulsión de sátiro virgen, había una respuesta. Por todo esto no había que sufrir. Algo había que me hacía feliz, disfrutar el momento, no mirar el futuro. Porque estaba tirado en la cama, mirando el techo y por eso no iba a sufrir, porque mirando tele era feliz.

El nacimiento de una pasión

En algún momento del año 91, mi hermano Diego se fue a Córdoba con el colegio. El estaba en tercer año y yo en primero. No se como le cayó a él el viaje, pero su vuelta trajo a mi vida una revolución: el punk rock. Resulta que mi hermano tenía dos compañeros, Luís y otro que no me acuerdo como se llamaba, que habían llevado cassettes al viaje, pero solo de una banda. Mi hermano volvió, y ese fin de semana fue a Parque Rivadavia a comprar el primer cassette de los Ramones. Entró a la pieza y me dijo “esto estuve escuchando todo el viaje”, me tiró la caja, puso el cassette y apretó play. Me acuerdo del ruido a nada que hacían los cassettes, me acuerdo de mirar la tapa y ver una foto en blanco y negro de cuatro tipos muy flacos, con jeans y camperas de cuero, me acuerdo del nombre en blanco arriba. Me acuerdo de dar vuelta la caja y leer “Blitzkrieg Bop”. Y los primeros acordes sonaron en mi cabeza. Era sucio, rápido, nuevo. Yo venía de la Z95, la movida de Mad-chester anunciada por el Bebe Sanso, Erasure, Soda Estero. Y entones escuché por primera vez el leit motiv de mi vida: Hey Ho, Let’s go.

Hey ho, let’s go hey ho, let’s go hey ho, let’s go hey ho, let’s go
They’re forming in straight line they’re going through a tight wind
The kids are losing their minds the blitzkrieg bop
They’re piling in the back seat they’re generating steam heat
Pulsating to the back beat the blitzkrieg bop
Hey ho, let’s go shoot’em in the back now what they want,
I don’t knowThey’re all reved up and ready to go
They’re forming in straight line they’re going through a tight wind
The kids are losing their minds the blitzkrieg bop
They’re piling in the back seat they’re generating steam heat
Pulsating to the back beat the blitzkrieg bop
Hey ho, let’s go shoot’em in the back now
What they want, I don’t know they’re all reved up and ready to go
They’re forming in straight line they’re going through a tight wind
The kids are losing their minds the blitzkrieg bop
They’re piling in the back seat they’re generating steam heat
Pulsating to the back beat the blitzkrieg bop
Hey ho, let’s go hey ho, let’s go
Hey ho, let’s go hey ho, let’s go

Tiempo después la 13/20, la Generación X y otras revistas me informaban de lo que ocurría en ese mundo, el punk rock. Tiempo después desaparecían estas revistas. Tiempo después se separaban los Ramones – el primer recital al que fue mi novia, otro de los tantos motivos por los que la amo. Tiempo después fallecían Joel, Jhonny y Dee Dee Ramone. Tiempo después, sigo siendo punk.

Parque Rivadavia, o confieso que he pecado

Corría desenfrenada la década del 90. Digamos que a mediados de esta yo tenía unos 15 años, era un metalero y, dada la situación económica en la que me encontraba, poco agraciado económicamente. Digamos entonces que el acceso a la cultura se daba con cierto retrazo. Comprar un disco entonces para mí implicaba tener que ahorrar durante una cantidad considerable de tiempo – digamos de quince días a un mes – para acceder a algún disco de cualquier índole. Pero, hete aquí, que antes de entrar a mi colegio secundario, que quedaba al lado de Parque Rivadavia, solía comprar con más asiduidad números viejos de la Revista “Madhouse”, en la que solían reseñar discos del ambiente metal, punk, hardcore y alternativo – todo lo que fui/ soy. Entonces, hablaban de esos discos y de si les habían gustado o no, le ponían puntajes y comentarios y esas cosas que se hacen a la hora de criticar cosas. En una nota, una vez, un cantante hablaba de comprar discos en el Parque Rivadavia. Y fue donde, por suerte para mí y no para algunos artistas, conocí las maravillosas ofertas y delicias de la feria disquera de Parque Rivadavia.
Fui un día con escasos cinco pesos, mi amigo Pablo Héctor Conrad – el con 20, aparentemente sabía del asunto -, y la intención de comprarme algunos de los discos nombrados en alguna de las Madhouse que había leído. Aquella vez creo que me compré Youthanasia de Megadeth y alguno más, dado que las promoción decía dos casettes por 5 pesos. Ah, si, eso, se vendían en K7. Y no era una desventaja, muy por el contrario.
Las visitas al Parque se transformaron en mensuales. En ese mes, yo juntaba 20 pesos, dado que la promoción era de cinco K7s a veinte pesos. Entonces, analizaba la Madhouse con detenimiento, veía los comentarios de los discos y decidía a quien le daba la oportunidad. Por aquel entonces mi raíz metalera era más fuerte, entonces compraba de seguro un disco de Kiss, alguno de Hermética – vivo o de estudio –, y después discos de otras bandas reseñados en la revista.
Ventajas del sistema en K7: muchas veces lo que hacíamos con Pablo Héctor era comprar discos que nos gustaban a los dos, pero él compraba algunos y yo otros. Previo a esto, en la semana habíamos comprado K7s vírgenes. Entonces, nos pasábamos los discos, corríamos a nuestras casas, los grabábamos cada uno, y más tarde nos encontrábamos y nos los devolvíamos. Así engrosé mi colección de discos y mis influencias musicales. En algún punto recuperé mi equipo de música con CD – estuvo roto más de dos años – y comencé a comprar CDs.
Si, es cierto, apoyé la piratería en ese momento. Pero después, todos los discos que merecieron ser comprados originales, fui y me los compré. Porque, es cierto, hay discos que merecen ser comprados y hay otros que no. Pero esa es otra historia.